Por Vaneetha Rendall Risner sobre Sufrimiento

Traducción por Caridad Adriana Zayas Velázquez

 

 

Este no es el billete que compré. Eso fue lo que pensé cuando su salud tomó un desvío, y me encontré en un camino que no había previsto. Un camino por el que no quería andar.

La historia de Laura comprende lo que se siente. Todo cambió después de que su esposo fuera diagnosticado de un tumor cerebral. Observándolo en su lucha por respirar y afrontar su significativa pérdida de memoria, Laura imploró a Dios la cura de su marido y la restauración de sus vidas tal como habían sido antes.

La vida no había sido perfecta, pero había sido buena.

El desvío en el que estás es realmente el camino.

¡Qué pensamiento tan horroroso! Cuando los planes salen mal, siempre quiero pensar que he tomado un desvío temporal. Puede que sea largo, pero anhelo que el verdadero camino al que podría regresar para sentirme feliz y realizado estaba frente a mí. Quizás esté solo al doblar de la esquina, si simplemente puedo resistir.

Anhelando la normalidad

Recientemente hablaba con un amigo acerca de ese deseo de retornar a la normalidad. Ella no sabía cómo lidiar su recién desarrollado problema de salud. ¿Debía rogar por su curación y esperar la respuesta de Dios? ¿O debía hacerse al dolor crónico y la discapacidad?

Yo comprendo sus interrogantes. Yo también me las he planteado.

¿Debía pedir seriamente al Señor que transformara mis circunstancias? ¿Debía .acercarme a Él en la oración, escribir mis ruegos y buscarlo con regularidad por las cosas de mi vida que querría ver cambiados? Cosas divinas. Recuperación. Sanación. Regreso al Ministerio activo.

¿ O reconozco que estoy en un camino diferente? Uno que podría no traer la recuperación o la sanación que quisiera, pero sí un mayor acercamiento a Jesús que no podría obtener de ninguna otra forma. Me agarro suavemente a la expectativa de nuevas circunstancias y me aferro a la esperanza que nunca te defraudará,- la esperanza basada en Jesús.

Sí.

El Señor me invitó a pedirle que cambiara aquellas cosas que deseaba fueran diferentes. Perseverar. Confiar en que mis oraciones harían la diferencia. Pero, al mismo tiempo, Dios me ofrece que acepte donde estoy. Permitirle me encuentre en la oscuridad. Encontrar consuelo en su presencia. Verlo como más importante que cualquier otro cambio en mis circunstancias. Dios me pide hacer ambos. Cada día. En cada camino.

Adaptacion a la nueva normalidad

El viejo camino a menudo parece como si fuera más relajante y fácil de transitar. El nuevo camino puede ser desigual y tortuoso, estrecho con agudas curvas. Y me encontré ansiando por la facilidad de lo que acostumbraba tener. Pero el nuevo camino también ofrece beneficios, quizás no en facilidad, pero sí en ver la vida de forma diferente. Más reflexivamente. Realmente, observando la realidad más que precipitarse, ajeno a mi entorno. A pesar de todo lo que gano, es un reto el aceptar que el desvío es ahora el nuevo camino.

Lucho contra esa realidad a diario mientras experimento nuevas debilidades y dolor posterior a la polio. A veces es temporal, pero a menudo es permanente. La pérdida deviene la nueva normalidad. Y debo adaptarme.

El mes pasado iba entrando en un edificio familiar cuando me percaté de que no podía subir a la acera sin ayuda. Careciendo de otras opciones, solicité ayuda a un transeúnte. Fue simpática y amable mientras me ayudaba y mantuvimos una alentadora charla a lo largo de nuestra caminata.

Desde entonces, he sido incapaz de subirme a las aceras sin ayuda. Esta limitación cambiará en los lugares en que pueda valerme por mi misma y requerirá de mi previa planificación. Para ser honesto, no quiero planificar. No me gustan las limitaciones. Y aún, como mi agradable conversación con un extraño, estoy segura de que el Señor ha dispuesto bendiciones inesperadas a lo largo de este camino.

Me percaté de que no podía aferrarme al pasado. No podía regresar al viejo camino y colocarlo todo tal como estaba. Algunas cosas mejoraran con el tiempo. Algunas oraciones serán milagrosamente respondidas. Algunos sueños se harán realidad. Pero el viejo camino ya no está. Y en mi mente, lo recordaré a menudo como algo mucho mejor de lo que en realidad fue. Los israelíes hicieron eso cuando se quejaban después de ser liberados de la esclavitud, diciendo “ Recordaos el pescado que comíamos en Egipto que nada nos costaba, los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos. Pero, ahora, nuestra fortaleza se secó y no hay nada más que ver que el maná” (Números 11:4-6).

Sin mirar atrás

Los israelíes olvidaron mencionar que, aun cuando tenían alimentos, eran esclavos. Sus vidas en Egipto no eran perfectas. Estuvieron permanentemente clamando a Dios que los liberara de la esclavitud.

Por lo tanto, no mirar al pasado y asumir que era perfecto. No lo fue. El mío tampoco lo fue.

Este nuevo camino el que ando, desigual y retorcido, tanto como puede serlo, es el camino que Dios ha escogido para mí. Es el mejor camino. El único que vale la pena tomar.

“No mire atrás al pasado y asuma que fue perfecto. No lo fue. Pía si me mantengo mirando hacia atrás en el viejo camino con nostalgia, concentrándome en lo que he perdido más que en lo que poseo, echaré de menos la recompensa de la nueva ruta. Debo abrir mis ojos. Observar lo que hay a mi alrededor. Recordar que Dios va delante de mí. No debo temer porque Él conoce lo que acontecerá.

Como prometió, “Yo guiaré al ciego de forma que no lo sepa, por caminos que no han conocido yo los guiaré. Yo transformaré la oscuridad ante ellos en luz, los lugares muy ásperos en terrenos llanos. Esas son las cosas que haré y no los abandonaré. (Isaías 42:16)

Dios me guía en este nuevo sendero.

Estoy en el camino correcto.

Y tú también.